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Un fallo inédito condenó a Bayer por los efectos de un medicamento
Flavio Rein tuvo un fallo favorable, en primera instancia, en un juicio contra el laboratorio Bayer; lo había entablado por las discapacidades que, en 1998, le ocasionó el medicamento Lipobay (cerivastatina), posteriormente prohibido en el mundo.

La jueza Liliana Pérez hizo valer la Ley de Defensa del Consumidor y desestimó que los “riesgos de desarrollo” —efectos perjudiciales que sólo se advierten cuando el medicamento ya está en el mercado— puedan eximir de responsabilidad al laboratorio. Bayer ya apeló la sentencia, y anunció que recurrirá a las más altas instancias judiciales porque “negamos toda relación de causalidad” entre su medicamento y la discapacidad de Rein. Él, por su parte, insiste en destacar que el prospecto del remedio, en la Argentina , no mencionaba los riesgos que sí señalaba el prospecto en otros países y de los cuales fue víctima. El fallo es inédito, ya que reclamos anteriores siempre se resolvieron mediante acuerdos entre Bayer y los demandantes, de modo que la empresa no llegaba a reconocer explícitamente que su producto pudiera causar daños. Pero Rein se negó a pactar: “Estoy pobre, lastimado y enfermo, pero la dignidad no me la pudieron tocar”.



En septiembre de 1998, luego de que un chequeo médico indicó niveles muy altos de colesterol, un cardiólogo le recetó a Flavio Rein, que entonces tenía 41 años, el medicamento Lipobay, nombre comercial de la cerivastatina. A los pocos días, Rein empezó a sentirse cada vez más débil y una mañana, cuando se despertó, “no veía nada con el ojo izquierdo”, recuerda. Le diagnosticaron rabdomiolisis, enfermedad que ataca los tejidos musculares. Rein le entabló juicio a Bayer pero, a diferencia de otros casos donde los querellantes aceptaron acuerdos con esta empresa, él quiso seguir hasta el final.



La jueza Liliana Pérez —a cargo del Juzgado 13 en lo Civil y Comercial— falló que “resultan suficientemente acreditados los efectos adversos que provocó la droga cerivastatina contenida en el medicamento Lipobay, elaborado y comercializado por el laboratorio demandado. A su vez quedó demostrada la relación causal de los daños que presenta el actor, que aparecen mencionados en el prospecto de Lipobay y de Baycol (nombre del medicamento en otros países), sin que fuera desvirtuada por prueba alguna de la demandada”.



La magistrada —que tomó en cuenta los peritajes incluidos en la causa— hizo valer la Ley 24.240 de Defensa del Consumidor, según la cual “las cosas y servicios deben ser suministrados o prestados de forma tal que, utilizados en condiciones previsibles o normales de uso, no presenten peligro alguno para la salud o integridad física de los consumidores o usuarios”. El fallo destaca que “los consumidores tienen derecho a la protección de su salud, seguridad, intereses económicos y a una información adecuada y veraz” y que es “de imprescindible respeto y cumplimiento el deber de información al consumidor de productos farmacológicos”.

El Lipobay-Baycol fue retirado del mercado internacional en 2001, luego de que se registraran más de cien muertes relacionadas con su prescripción. La jueza examina en su fallo la noción de “riesgos de de-sarrollo”, concerniente a “un producto que, cuando fue introducido en el mercado, era considerado inocuo, pero cuya nocividad fue demostrada por comprobaciones posteriores”: señala que “los riesgos de desarrollo no podrían configurar eximente de responsabilidad” para el fabricante y que “la óptica debe centrarse en la víctima”.



El fallo le reconoce a Rein incapacidades causadas por “fibrosis leve de miembros inferiores” (muscular), por “patología visual del ojo izquierdo” y por “daño psíquico” consistente en “manifestaciones fóbicas postraumáticas y ligera depresión”. Estas últimas secuelas ameritan el reconocimiento de gastos de tratamiento psicológico por el término de tres años; también reconoce “gastos de medicamentos y de traslado” a centros asistenciales y “daño moral”, a partir del “ataque a los sentimientos por el sufrimiento padecido”. Por todo ello, “condeno al demandado a abonar al actor la suma de 276.000 pesos”, con intereses calculados a partir de 1998.



La demanda inicial incluía al médico que recetó el Lipobay y a la entidad de medicina prepaga que otorgaba el tratamiento, pero en ambos casos se llegó a acuerdos particulares.



Patricia Venegas, abogada de Rein —y profesora de Obligaciones Civiles en la Facultad de Derecho de la UBA — consideró que “el fallo de la jueza Pérez es mesuradísimo y jurídicamente impecable. El señor Rein viene luchando desde hace muchos años, y yo creo que a una empresa de la categoría de Bayer le concierne una responsabilidad social que no ha cumplido”.



Venegas subrayó que “el prospecto que el mismo medicamento tenía en Estados Unidos era mucho más extenso que el de la Argentina: todos los males que Rein padeció estaban advertidos en el prospecto norteamericano y no en el de acá”.

En cambio, Luciano Viglione, director de Relaciones Institucionales de Bayer, subrayó que “ya hemos apelado el fallo porque consideramos que no hay relación de causalidad” entre las discapacidades de Rein y la administración de Lipobay. El representante de Bayer recordó que “hubo otras demandas en las que llegamos a acuerdos”, que es a lo que se negó Rein. Viglione anticipó que “en este juicio vamos a seguir hasta donde la Justicia lo permita”.

—Es decir que, si la Cámara de Apelaciones ratifica el fallo de la jueza, ustedes volverían a apelar ante instancias superiores.

—Efectivamente —contestó el vocero de Bayer.

“Me mataron en vida —dijo Flavio Rein —. Ojalá me hubieran matado del todo. Me jubilé a los 42 años, yo era vital, joven, tenía futuro. La plata que pueda cobrar me hará salir de la malaria económica, pero me arruinaron la vida. Lo que ahora quiero es que no muera más gente. Ya gané el juicio y en la Cámara también lo voy a ganar, y después voy a seguir luchando contra los peligros de los laboratorios. No voy a parar hasta que salga una ley que diga que, en Argentina, los prospectos deben tener las mismas contraindicaciones que en el resto del mundo. Estoy pobre, lastimado y enfermo, pero no soy estúpido, eso no me lo tocaron. Ni eso ni la dignidad me pudieron tocar.”

Fuente: COFA, Prensa COFYBCF
 
 
 
 
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