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La comercialización irregular de suplementos dietarios es un grave problema para la salud
Por: Juan José Prieto. Farmacéutico en Tres Algarrobos, en la Provincia de Buenos Aires (Argentina). Colaborador de MUNDIARIO.
En Argentina la situación actual es crítica. Sin embargo es una problemática mundial, donde se ofrecen productos por vías informales, inclusive Internet y venta telefónica, mediante publicidades engañosas.

En Argentina la venta de suplementos dietarios se ha transformado en un problema de salud pública. Se ofrecen productos por vías informales mediante publicidades engañosas.

Ante la comercialización irregular, y la publicidad engañosa, de productos autorizados como suplementos dietarios, el Colegio Oficial de Farmacéuticos y Bioquímicos de la Capital Federal presentó, en el mes de junio, un informe ante la ANMAT –Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica-. En este, se denuncia formalmente situaciones en el que el consumidor es inducido, a través del engaño, a adquirir productos aprobados como suplementos dietarios como si fueran medicamentos, llegándose al extremo de recomendarlos para el tratamiento terapéutico o la prevención de enfermedades diversas. Para tal acción, esta entidad colegiada documentó que la publicidad con que se ofrecen estos productos en diversos puntos de venta de la CABA, que no son farmacias, no se ajusta a las normativas vigentes.

Para poder profundizar, y entender, la gravedad de esta temática debemos considerar que los suplementos dietarios no son medicamentos, por lo que no se les puede atribuir acciones terapéuticas. En el Código Alimentario Argentino están clasificados, por la autoridad sanitaria, como alimentos, y como tales incluidos y definidos.

En cuanto a su publicidad, está regulada y debe ajustarse a pautas éticas estrictas consignadas por la ANMAT. Es decir, en los anuncios de estos productos no deben incluirse mensajes que:

>Les atribuyan acciones y/o propiedades terapéuticas;

>Sugieran que son productos medicinales;

>Mencionen que curan, calman, mitigan, alivian, previenen o protegen de enfermedades;

>Induzcan al uso indiscriminado, y/o

>Incluyan denominaciones que los confundan con medicamentos de “venta libre”.

No obstante estas previsiones es muy evidente que muchos suplementos dietarios se ofrecen como si fueran medicamentos, comercializándose del mismo modo que aquellos, en distintas formas farmacéuticas y atribuyéndoles efectos terapéuticos. También se indica su administración y posología. Si bien se señalan algunas contraindicaciones e interacciones, se evita mencionar muchas de ellas, encubriéndose, a veces, los riesgos de un consumo inadecuado con las características que se les atribuye de ser productos “de origen vegetal” o “naturales” los que los transforma para el ojo del consumidor en “saludables”.

El hecho de que se presenten en comprimidos, cápsulas, cápsulas blandas, gotas y jarabes, es decir en formas farmacéuticas, genera confusión acerca de sus reales cualidades y características, y de si son medicamentos o alimentos. Esto trae aparejado un riesgo sanitario muy importante ya que se ofrecen productos que no tienen acciones terapéuticas como si las tuviesen. Por otra parte, existen “suplementos dietarios” que si presentan actividades farmacológicas, por lo que deben ser considerados especialidades medicinales, correspondiendo tratarlos con las condiciones de elaboración, distribución y dispensa que las normas legales vigentes prevén para los medicamentos.

Muchos países están muy preocupados por los beneficios para la salud que se les atribuyen, sin tener un respaldo científico que así lo indique. A esta falta de garantías en la seguridad se le suma  el uso habitual y discrecional de estos productos, que pueden tener efectos adversos e interacciones con los medicamentos. Al no tener un conocimiento real o científico no es posible realizar las recomendaciones que deben hacerse a personas que presenten factores de riesgo, como hipertensión, colesterol elevado, o problemas renales o del funcionamiento tiroideo, entre otros.

Según estimaciones, en Europa tres de cada diez personas han consumido alguna vez este tipo de productos, y en nuestro país, según estudios realizados por universidades nacionales, un 15% de las personas los habrían utilizado, alguna vez, para tratar algún problema de salud.

Como una consecuencia lógica muchos países han tomado sus iniciativas, por ejemplo, la Unión Europea ha avalado el proyecto PlantLIBRA para evaluar los riesgos y beneficios de los productos de origen vegetal. En este esquema participan 25 entidades de cuatro continentes, entre ellas el Hospital de Clínicas, dependiente de la UBA –Universidad de Buenos Aires-.

A pesar de que resulta aceptable reconocer que muchos suplementos dietarios pueden tener un efecto positivo en la promoción de la salud y en la reducción del riesgo de enfermedades, sería aún más interesante si constaran con un aval científico que los respalde. En los estudios que se están llevando adelante se trata de evaluar riesgos y beneficios, así como alertar sobre posibles efectos tóxicos.

En Argentina la situación actual es crítica. Sin embargo es una problemática mundial, donde se ofrecen productos por vías informales, inclusive Internet y venta telefónica, mediante publicidades engañosas. Esta venta irregular, por fuera de la Farmacia, es evidente que sumará nuevos problemas al sistema sanitario.

Fuente: MUNDIARIO. Los datos para esta nota fueron aportados por el Farmacéutico Rubén Sajem - Presidente de la Sección de Farmacéuticos del Colegio Oficial de Farmacéuticos y Bioquímicos de la Capital Federal (COFyBCF).
 
 
 
 
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