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Los ataques a nuestras instituciones: los que abandonan el barco
Por: Dr. Rubén Sajem Presidente Sección de Farmacéuticos - COFyBCF
Esporádicamente, recrudecen ataques contra las instituciones que nos representan a los farmacéuticos (el Colegio, la COFA). Desde el anonimato, mediante el envío de mails masivos con firmas inventadas o participando en las redes sociales con identidades falsas, usan los conocidos recursos de los trolls: provocar, mentir, inducir a polémicas, difamar. Cuando se usan esos recursos para atacar a nuestras entidades profesionales, esto ya deja de ser una travesura.

Atacar a las instituciones es suicida. Las instituciones, a través de los modos en que se organizan, nos dan identidad, nos preexisten y se nos imponen, regulan nuestras relaciones y nuestras actividades sociales. Proveen marcos de referencia compartidos y sistemas de valores que, a través del tiempo, provienen del consenso acerca de la mejor forma de hacer las cosas. Se nos exigen ciertas obligaciones y se nos otorga a cambio una identidad, un lugar, un reconocimiento. Existen para que existamos, para que podamos decir quiénes somos y qué somos. En nuestro caso, profesionales. Fuera de ellas, no seríamos nada; indefensos, desapareceríamos.

Nuestras instituciones, la de los farmacéuticos, son, además,democráticas . No sólo votamos a las autoridades, sino que incluyen diferentes mecanismos de participación. Esto les otorga la capacidad de transformarse.

¿De dónde vienen los ataques?

Si bien siempre se debe tener en cuenta lo que advierte el escritor británico John Berger, que en los gritos de la multitud se encuentran las respuestas a las preguntas que aún no se han planteado (otra forma de decir que cuando el río suena algo trae), no parece ser este el caso . Los gritos no provienen espontáneamente de una multitud, más bien parecen alentados por algunos ex dirigentes que, en su momento, dejaron nuestras instituciones a la deriva, porque no supieron realizar las transformaciones necesarias con las herramientas institucionales. Quizás ahora suponen que los puede favorecer una colisión, que les permita llevar agua para su molino, algunos pesos para algún micro emprendimiento personal, o engañar algunas voluntades. Probablemente no piensan en los ahogados.

Pero nosotros pensemos. Pensemos que podrían ser arrebatos de quienes carecen de representatividad y buscan llamar la atención mediante alguna polémica. Que esperan que alguien que sí es representativo los tome como adversarios, otorgándoles alguna legitimidad, una posición de jerarquía que ya no tienen.

De los que tiran piedras, escondidos, contra el casco del barco, sólo se pueden esperar gestos infantiles. El individualismo puede llevar a mostrarse como una parodia de superhéroe, una caricatura televisiva. Superhéroes que cuando les toca actuar, como alguien ya dijo y pudimos comprobar, como Aquaman, se muestran incapaces de encontrar una sardina dentro de una lata. Entonces queda en evidencia que son personajes de ficción con una letra aprendida, gestos ensayados y montajes de utilería.

Claro que todo esto es una metáfora. El barco, donde estamos todos, no se va a hundir, es una suerte que nuestras instituciones sean sólidas. No se van a derrumbar, ni vamos a quedar a la intemperie. Porque ante el fracaso de las instituciones, es bueno tenerlo en cuenta, la pobreza, la marginalidad, la falta de empleo, el desalojo, la enfermedad, son siempre naufragios personales, privados, solitarios. Y esto no nos pasa tan lejos, recordemos que ya se propuso desalojarnos de nuestro lugar de trabajo y que salgamos a la calle a visitar kioscos.

¿Por qué son tan importantes las instituciones? ¿Y el Estado qué hace por nosotros?

Nuestras instituciones profesionales fueron investidas con el peso de la ley y ya tienen una historia propia, un camino recorrido. Se les delegaron funciones, han sabido permanecer y se les ha otorgado reconocimiento. La globalización económica, nos guste o no, restringió los márgenes de acción del Estado, que ahora debe estar atento, entre otras cosas, a la defensa de los intereses nacionales ante los efectos de las crisis externas. El papel de las instituciones pasa a ser entonces más relevante. Ante los tironeos y las presiones que se ejercen a favor de determinados intereses, nos deberemos apoyar en nuestras organizaciones profesionales, que permanecen como ámbitos desde donde es posible defender los intereses comunes. Ellas son las que podrán hablar por nosotros.

Esto no es teoría, recientemente, cuando fue necesario apoyar la ley de dispensa exclusiva en farmacias, fueron nuestras entidades profesionales las que transmitieron nuestra postura y nuestros argumentos a los legisladores, que en muchos casos estaban fuera de tema y tenían que decidir sobre algo que en gran medida desconocían. Fueron los dirigentes de nuestras instituciones los que estuvieron presentes junto a los colegas, dando sustento a nuestras pretensiones. Los trolls no estaban, Aquaman tampoco, y nadie reclamó a gritos su presencia.


¿Y entonces qué conviene hacer?

Escuchar todo, estar atentos, pero también participar, acercarse a nuestras instituciones, que son legítimas en la medida en que son democráticas, plantear los problemas, escucharse y llegado el caso discutir; reparar y acondicionar el barco cuando sea necesario. Es probable que se avecinen tiempos de tormentas y tengamos que ser nosotros mismos los que tengamos que ocuparnos de nuestros problemas. En los momentos de crisis es cuando más están en riesgo los derechos que nos toca defender. Sepamos cuidar nuestras instituciones profesionales, entendamos que estamos todos en el mismo barco.


Farm. Rubén Sajem

Presidente Sección de Farmacéuticos

Colegio Oficial de Farmacéuticos y Bioquímicos de la Capital Federal

 

 
 
 
 
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