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Que no cunda el pánico
Por: Farm. Judith Rebullida.

Dice un viejo refrán que “el pánico es más contagioso que la peste y se comunica en un instante”. Desde que el diario La Nación publicó declaraciones de un tal secretario general del Sindicato de Bioquímicos y Farmacéuticos con un “listado de remedios alternativos para los medicamentos (supuestamente) trabados por la importación”, tal como se titula la editorial, la polémica se desató a nivel nacional y la noticia se replicó en distintos medios de comunicación radial, gráfico, televisivo y digital. La desmentida a esta información se hizo pública a través del secretario de la Confederación Farmacéutica Argentina, aclarando el panorama actual, dando explicaciones del porque de los faltantes, restando gravedad a las declaraciones alarmistas y negando rotundamente una situación de desabastecimiento de medicamentos.

En las declaraciones del representante del Sindicato de Bioquímicos y Farmacéuticos, demás está decir que abundan las intenciones manifiestas de generar una alarma sanitaria. Afirmar que los faltantes de medicamentos – un número no significativo frente a los miles que se comercializan – se debe a las nuevas normativas que rigen para la importación de IFA (ingredientes farmacéuticos activos) o de medicamentos, sin la fehaciente prueba de ello y sin aducir una fuente fidedigna, es una falta de respeto no sólo a la sociedad sino muy especialmente a los pacientes, enfermos y sus familiares. ¿Acaso este farmacéutico desconoce que el principio universal de todo agente sanitario es propiciar la calma y trasmitir consejos terapéuticos que engloben un mensaje de tranquilidad para generar seguridad y serenidad en el enfermo y su entorno? ¿Qué médico comunica mensajes de alarma frente a una enfermedad?

Basta con leer la cantidad y calidad de los comentarios del mencionado artículo, para entender lo que se generó. Peor aún fueron las innumerables consultas que se hicieron presentes en las farmacias, enfermos crónicos que temerosos buscaban información sobre la disponibilidad de sus habituales medicamentos, caótica situación que uno a uno, los farmacéuticos argentinos tuvieron que remediar frente a sus pacientes, haciéndose cargo de actos ajenos.

¿Un comunicador sanitario puede tan distraídamente originar una sensación de pánico en la población enferma afirmando que “quedan medicamentos oncológicos y contra el SIDA para 30 ó 60 días (sic)”? ¿De qué estadística o estudio de información del mercado de medicamentos, obtuvo estos datos? ¿Por qué no se le exige a este informador que revele sus fuentes y pruebe sus dichos? ¿Podemos los profesionales de la salud admitir que cualquier comunicador lance un mensaje de pánico a la sociedad argentina? La falta de ética y responsabilidad es innegable.

Después de todo y en otro orden, pero viene al caso, no es función primordial de un secretario de sindicato, exponer sobre importación de medicamentos, y tampoco lo es, bajo ningún punto de vista, dar a conocer públicamente un “listado de alternativas”. No. Porque la substitución de medicamentos lo hace por incumbencia profesional y bajo normas legales vigentes, el farmacéutico en su ámbito laboral, que es la farmacia privada, hospitalaria o clínica, su oficina de auditoría en obras sociales o la docencia en las aulas de la facultad. Un periódico, no es ni el ámbito natural ni el más adecuado.

La intercambiabilidad es una herramienta legal con que cuenta el farmacéutico para dispensar medicamentos prescriptos por denominación común internacional (DCI), con la posibilidad de sustitución, y están dadas desde el año 2002. Analizando las normas vigentes, se deduce la incuestionable responsabilidad del farmacéutico en la sustitución, según la Resolución 326/02 y la Ley 25.649/02. El decreto sanitario 987/03, advierte que el farmacéutico no podrá reemplazar las especialidades medicinales que por sus características de biodisponibilidad o estrecho rango terapéutico, la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) haya desaconsejado reemplazar.

En la práctica diaria el farmacéutico está obligado a recurrir a sus conocimientos técnico-científicos para evaluar la conveniencia de la sustitución en beneficio del cumplimiento terapéutico y como medio de no ocasionar un problema de salud adicional al paciente, cumpliendo con las citadas normas legales.

La intercambiabilidad de medicamentos en determinadas terapias farmacológicas, que internacionalmente se denomina “switchability” y puede traducirse como “sustitutividad”, conlleva riesgos, especialmente en las terapias crónicas de seguimientos individualizados y/o con ajustes de dosis en principios activos de estrecha ventana terapéutica. Una inadecuada sustitución puede generar desde conflictos con la intercambiabilidad de la prescripción (prescribability or interchangeability), intervenciones judiciales que responden a manifiestas disconformidades de pacientes, hasta innecesarios efectos adversos ó falta de eficacia terapéutica, que requieren asistencia médica de urgencia y hacen uso de recursos sanitarios y económicos que bien podrían evitarse.

El farmacéutico, como agente sanitario no puede desconocer que la sustitución de fármacos en determinados casos como propone dicho “listado de alternativas”, entraña problemas potenciales para la salud del paciente, es por ello que debe aplicar con exactitud, las normas nacionales vigentes y las recomendaciones de expertos u organismos internacionales. Por ejemplo, en la publicación que se comenta, se propuso como “alternativa terapéutica” del principio activo Bimatoprost (antiglucomatoso) al Timolol. En este punto detengámonos a revisar conceptos, que tal vez el informante del artículo en cuestión, no tuvo en cuenta.

ALTERNATIVA FARMACÉUTICA es aquel medicamento que, dentro del concepto de producto similar puede contener el mismo principio activo, siendo diferente la salificación, esterificación o complejación del mismo, o bien se presenta en diferente forma farmacéutica o concentración por unidad de administración, teniendo la misma vía de administración, igual indicación terapéutica e idéntica posología. (Ejemplos: Amoxicilina 500 mg cápsulas y Amoxicilina 500 mg / 5 ml suspensión; Diclofenac Sódico 75 mg comprimidos y Diclofenac Potásico 50 mg comprimidos).

ALTERNATIVA TERAPÉUTICA es aquel medicamento que contiene diferente principio activo, pero que pertenece a la misma clase farmacológica y terapéutica. Se espera que los efectos terapéuticos sean similares cuando se administren en dosis terapéuticas equivalentes. (Ejemplos: Ketorolac 10 mg. comprimidos y Diclofenac 50 mg. comprimidos; Pantoprazol 20 mg. cápsulas y Omeprazol 10 mg. comprimidos).

Más allá de todas las consideraciones posibles del caso, el farmacéutico no puede reemplazar un medicamento prescripto por un médico, por otro que constituye una alternativa terapéutica, el único habilitado para hacerlo es quien lo prescribe, eso es indiscutible para los medicamentos de venta bajo receta. Analizando dicho “listado” se observa que no se tuvo en cuenta las diferencias legales y científicas entre una alternativa farmacéutica y una alternativa terapéutica, porque “recomienda” alternativas terapéuticas, que son incumbencia del galeno y no del farmacéutico, además de enredar con sus dichos a la población, respecto del reemplazo o sustitución con los mal llamados “genéricos”.

No existe admisión de excusa posible cuando alarmar en materia de salud persigue tan siniestro propósito como es el pánico. Mucho menos resulta admisible publicitar listados de medicamentos que rozan la instigación a la automedicación e intercambiabilidad de medicamentos.

Si uno está preocupado con una dada situación en la sanidad, la trasmite con fundamentos, la debate en público y proclama propuestos o reclama soluciones con la verdad y la ética por delante, nunca bajo el paraguas del sensacionalismo y con la consigna del individualismo que exhibe alarmantes y desafortunadas recomendaciones.

A no confundirse, que las normas son claras y la ética lo reclama.

 
 
 
 
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