El buen momento de la ciencia en Argentina
2/8/11La ciencia argentina vive un momento de revitalización prometedor.
El despertar de la ciencia en Argentina parece estar ocurriendo, luego de un letargo de casi cuatro décadas. Esto se refleja a través del trabajo de las instituciones, como el CONICET, como así también por el lugar prominente que se le asigna a la divulgación científica. La transformación cultural llevada a cabo, parece haber incluido al sector como uno de los necesarios motores propulsores del país, fundamental para el desarrollo económico.
En diciembre de 2007, la Secretaría de Ciencia y Técnica de la Nación se convirtió en el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva. Su titular es un científico en actividad, el químico Lino Barañao, que desde su nuevo cargo lanzó una serie de proyectos que ya están dando sus frutos. El funcionario afirma que “no se puede modernizar un país sin incorporar la ciencia y la tecnología.”
En un reportaje que brindó recientemente al periódico Le Monde Diplomatique, el Ministro Barañao expresó los siguientes conceptos:
• Un investigador es alguien a quien se le paga para que dé información. Un científico es como un investigador policial a quien se le paga para determinar quién mató a X persona y para contárselo a los individuos interesados. Lo mismo pasa en la relación entre los científicos y la sociedad argentina. La sociedad le paga a una cantidad de gente para recibir información. Y pretende que esa información le sirva para comprender el mundo. Para saber qué pasa: si hay un riesgo de que llegue a Buenos Aires la nube radioactiva de Fukushima. Le interesa también que esa información mejore la calidad de vida, tener medicamentos a precios accesibles. Al 95% de la población que paga las universidades le interesa que ese egresado universitario le genere puestos de trabajo a sus hijos. Porque la principal demanda de la sociedad es la inclusión social, generar trabajo de calidad. Es ahí donde tenemos el mayor desafío, porque aún no se ha instalado la idea de la ciencia como generadora de trabajo.
• Se necesita formar gente con capacidad para emprender, con la suficiente flexibilidad para hacer cosas nuevas. El mundo cambia muy rápidamente. El fin último de este ministerio es poner la ciencia en el lugar donde no estaba. La ciencia es una actividad cultural, pero buscamos insertarla en el contexto social mejorando efectivamente la calidad de vida de quienes la financian.
• La ciencia sin Hollywood no va a ningún lado. Hay que cambiar los arquetipos que se transmiten, si no, no hay financiamiento ni planificación que vaya a funcionar. Lamentablemente, sigue perdurando la idea del científico como el viejito loco. A la ciencia argentina le hace falta marketing.
• Bernardo Houssay decía: “La ciencia no tiene fronteras, pero tiene ciudadanía”. Lo que diferencia a un científico de un país de otro es su responsabilidad social.
• La función de una universidad o del CONICET no es producir un medicamento. La conexión entre dos lógicas, la generación de un conocimiento y la creación de un producto, es muy necesaria. Precisamos más de estos consorcios público-privados. Como INVAP, una empresa que hace radares y satélites. Algo que alguien quiere comprar.
• Nuestra lógica no es “¿qué es importante saber?” sino “¿qué conocimiento necesito yo para obtener un determinado resultado?”. Sin embargo, esto no significa frenar todo financiamiento a la investigación básica o pura. De hecho, estamos cerrando una convocatoria donde se va a premiar la originalidad y no la aplicabilidad. Es decir, cuán original es la pregunta que un investigador se hizo. Sabemos que de eso se nutre la posibilidad de desarrollos futuros.
Entre los indicadores que marcan el incremento en la producción nacional de ciencia básica, se puede mencionar el número de publicaciones en revistas internacionales, que se incrementó en más de 30%, pasando de cerca de 6000 en 2003 a más de 8000 en 2009, según datos extraídos de la base de “Web of Science”. La tendencia al éxodo de los científicos, por otra parte, se ha revertido: más de 800 investigadores regresaron al país y los más jóvenes cambiaron de actitud, que hoy es mucho más optimista. El CONICET, la principal institución científica nacional, incorporó investigadores: de poco más de 4000 en 2003, pasó a tener más de 6000 en la actualidad. La mejora en el salario de los científicos, también ha sido significativa. Por otra parte, instituciones como la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) o el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) han salido de un largo letargo y se han dinamizado. También se impulsó la creación de pequeñas empresas de base tecnológica surgidas de la iniciativa de los propios investigadores. Hay iniciativas destacables en ese campo, que aún es embrionario. Se han promovido también acuerdos sectoriales para ramas de la producción que usan intensivamente el conocimiento más avanzado, como la informática, que creció enormemente, y la biotecnología. La creación del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva implica, en términos simbólicos, un reconocimiento de la importancia que el Estado les otorga a las actividades científicas y tecnológicas. En términos de políticas, supone otorgarle la máxima instancia institucional, con el consecuente aumento de los recursos que se destinan a este sector, que se encontraba notablemente desfinanciado.
Fuentes: “Le Monde Diplomatique”, http://www.mincyt.gov.ar/ , Prensa COFYBCF.
