Consumo de Drogas en Argentina (Primera entrega)
13/1/12Les acercamos la siguiente investigación que fuera presentada en el Colegio, en el marco del seminario organizado por la Secretaría para la Programación de la Prevención de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico (SEDRONAR).
El Dr. José Ramón Granero, Secretario de Estado de SEDRONAR, cedió gentilmente
al COFyBCF el siguiente trabajo, elaborado por el Observatorio Argentino de
Drogas, que consiste en un diagnóstico sobre la problemática del consumo de
drogas en el país, realizado entre el 2005 y el 2011.
La publicación
constará de 12 entregas semanales y, en este primer capítulo, se presentará, a
modo de introducción, el estudio, su marco contextual y la metodología adoptada;
entre otros temas.
Aspectos cualitativos del consumo de Pasta Base de Cocaína / Paco.
Observatorio Argentino de
Drogas
SEDRONAR
Septiembre de 2007.
SEDRONAR.
Secretario de Estado:
Dr. José Ramón Granero.
Observatorio Argentino de Drogas.
Coordinador:
Diego Álvarez
Dirección de investigación: María Cecilia Arizaga
Asistente
de investigación: Guillermo Quiña.
Agradecimientos:
Este estudio fue posible gracias a la colaboración brindada
por los directivos y profesionales de Fundación Candil, Centro Rivadavia,
Fundación para el Desarrollo Humano, Centro Carlos Gardel, CPA Morón, Casa
Puerto, Hospital de Día para Pacientes Drogadependientes del Servicio de Salud
Mental del
Hospital General de Agudos Teodoro Álvarez y Unidad Toxicología
del
Departamento de Urgencias del Hospital General de Agudos "Juan A.
Fernández".
Se agradece, asimismo, al Ministerio de Derechos Humanos y
Sociales del
Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, el acceso al
Centro de
Tratamiento Casa Puerto.
Por otro lado, la mirada de aquellos
profesionales e investigadores que, tanto desde dentro como fuera del marco
institucional, brindaron apoyo a este proyecto mediante entrevistas, consultas y
opiniones, resultó un valioso aporte a la comprensión de la
problemática.
Nuestro profundo reconocimiento es para todos aquellos
pacientes y familiares que nos han confiado su historia y que conforman el nudo
de este estudio.
Por último, agradecemos a Fernando, uno de los pacientes
entrevistados, habernos permitido publicar el dibujo y el escrito que acompañan
este trabajo.
“(…) Es un árbol, creciendo en el agua, algo muy inestable, un árbol en el
agua no existe, puede ser una planta pero no un árbol, y me siento identificado
con eso. Estos son ojos que lloran y hay lágrimas que van hacia arriba y otras
hacia abajo. Las que van hacia arriba son de desahogo y las que van hacia abajo
son las que pesan. Después se las lleva el agua, y estos somos nosotros, todos
los chicos del tratamiento yendo hacia el sol, que es energía y pureza. Y hay un
ojo que es el que mira el pasado, que está todo mal, todo inestable; y éstas son
las mentes de los pájaros que se vuelan porque se te vuelan los pájaros… (se ríe).
Y al bote le cuesta emprender el viaje, el que
uno realmente quiere, ¿no?”
Fernando
Índice:
I. Introducción
1. Presentación del estudio
2.
Marco contextual
3. Antecedentes sobre la problemática del PBC
- Datos
estadísticos sobre el problema.
- Antecedentes para la elaboración de un
marco conceptual de la problemática.
II. Metodología
1. Objetivos,
enfoque metodológico y técnicas
2. Descripción y definición de los grupos
objetivo
- Características de las instituciones participantes.
-
Características de los informantes clave.
- Características de los pacientes
entrevistados.
3. Criterios de selección y descripción del proceso de
reclutamiento
4. Descripción de los instrumentos o protocolos
utilizados
5. Procedimientos de análisis
III. Resultados
1. La
perspectiva profesional: qué es qué y la teoría de los efectos
diferenciados
2. Conocimientos y percepciones sobre el fenómeno del consumo
de Pasta Base
- La perspectiva del paciente: ¿Paco? ¿Pasta Base? …¿A qué
llamamos qué?
- Percepciones de calidad y de daño
- El tema Paco en los
medios: de víctimas y victimarios
3. Consumo e Integración social
- El
consumo. Trayectorias, giras y territorio.
- Espacios de socialización y
sociabilidad. Las redes de inclusión.
- Procesos de estigmatización social.
La construcción del otro.
4. El Tratamiento
- Acerca de los tipos de
tratamiento
- El rescate y el después
IV. Conclusiones: a modo de
resumen
Bibliografía
Anexos
- Anexo I. Tópicos para la pauta de
entrevista
- Anexo II. Acerca de las redes sociales. Entrevista a María
Rosa
- Anexo III. Procesamiento de artículos
periodísticos
Introducción
1.
Presentación del estudio.
El estudio se enmarcó en los objetivos de
relevamiento y análisis de datos referidos al consumo de drogas que lleva
adelante la Secretaría para la
Prevención de la Drogadicción y la Lucha
contra el Narcotráfico (SEDRONAR), a través del Observatorio Argentino de Drogas
(OAD).
La SEDRONAR lleva a cabo un Registro Continuo de Pacientes
en
Tratamiento desde el año 2004, cuando se realizó una prueba piloto con 15
instituciones. En el año 2005, el OAD, con el apoyo técnico y financiero de
la
Comisión Interamericana para el Control del Abuso de Drogas (CICAD), de
la
Organización de Estados Iberoamericanos (OEA), amplió el registro a 53
Centros de Tratamiento de todo el país, sumando en total 2.369 pacientes en
tratamiento, a fin de contribuir a la generación de datos válidos y permitir un
análisis sobre la problemática del consumo de sustancias psicoactivas en
relación con esta población específica.
El estudio que aquí se presenta se
desarrolló durante el año 2007 y trabajó con pacientes y profesionales de
Centros de Tratamiento del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) que
participan del Registro Continuo a fin de explorar la problemática del consumo
de Pasta Base de Cocaína (PBC). Esto supuso un nuevo abordaje ya que implicó
centrarnos en un problema específico, el consumo de PBC, y trabajarlo desde un
enfoque cualitativo que priorizara la profundización de la cuestión a fin de
comprender los aspectos que la definen.
Al mismo tiempo, con el avance de la
investigación, se decidió incorporar a profesionales provenientes de diversos
ámbitos relacionados con la problemática y a familiares de usuarios de PBC, con
el objetivo de ampliar perspectivas.
De este modo, el problema en cuestión se
concentró en la exploración de los aspectos emergentes en el consumo de PBC en
pacientes en tratamiento en el AMBA, analizando su articulación con los procesos
socioculturales implicados.
Esto implicó preguntarse por los conocimientos y
las percepciones que existen sobre el fenómeno: qué opiniones hay sobre el tema,
la percepción de riesgo que existe, cómo se inserta el problema de la PBC en la
Argentina, a qué se llama “Pasta Base” y a qué Paco, analizar si hay diferencias
entre una y otra droga o si se está hablando de lo mismo, si hay conocimiento
sobre cuál es la composición química de la droga y la precepación del
daño.
Con relación a las características del consumo, nos interesó indagar
cómo suele ser el inicio en el consumo de PBC, qué otras drogas aparecen, qué
patrones de consumo se activan, cuán accesible resulta la droga, qué espacios de
sociabilidad existen y qué espacios se cierran, cuáles son los imaginarios
sociales que convoca el consumidor de PBC.
Con respecto al tratamiento, el
estudio exploró cuál es el perfil de los pacientes en tratamiento, cómo llegan a
él, qué redes sociales y espacios de sociabilidad emergen y qué función cumplen
en el tratamiento, qué tipos de tratamientos pueden identificarse y los factores
que inciden en la recuperación.
El estudio intenta contribuir al análisis de
los aspectos socioculturales de una problemática que viene generando una
atención creciente en ámbitos gubernamentales, profesionales y opinión pública.
Esto comprende no sólo a los hallazgos que se puedan identificar sino a la
posibilidad de esclarecer dónde se concentran los puntos más conflictivos del
tema en su aspecto sociocultural. Por otro lado, el análisis de ciertas
cuestiones que emergen del fenómeno desde la perspectiva de los actores a partir
de una sistematización de los aspectos del problema puede resultar una
herramienta de utilidad para quienes están trabajando en la
problemática.
2. Marco contextual.
Según el planteo que
muchos autores realizan al estudiar la perspectiva sociocultural del consumo de
sustancias psicoactivas, es en la segunda mitad del siglo XX cuando la droga
comienza a construirse como problema social. A partir de allí los aspectos
cuantitativos y cualitativos se van forjando y mutando aunque dentro de un
proceso que expresa, como describe Alain Ehrenberg (2004: 17) “un cambio en la
sensibilidad colectiva”.
Según este autor, el proceso comienza siendo una
expresión rebelde de una sociedad de posguerra que, dejando atrás los esfuerzos
y limitaciones de sus mayores, se alza ante el hedonismo de una sociedad de
consumo que crece aceleradamente. Son los hijos de la posguerra quienes
protagonizan el proceso de conformación de la droga como problema social:
jóvenes de clases medias en ascenso social que desde la misma abundancia de la
sociedad de consumo habilitan el paso a elementos emergentes a partir de un
imaginario contracultural.
La droga emerge así como el elemento
contracultural por excelencia.
Este imaginario de la droga como contracultura
de jóvenes de la sociedad de la abundancia, la droga como expresión de la
rebeldía, va mutando hacia otros imaginarios ligados a la desocialización y la
decadencia cuando los sectores que la sociedad de la abundancia excluye toman
protagonismo en la problemática de la droga. El traspaso de actores sociales
supone entonces nuevos imaginarios sociales respecto del consumo de drogas,
asociados a la marginalidad y la exclusión social al tiempo que empiezan también
a tomar forma otros modos de consumo que ya no dan cuenta ni de rebeldía ni de
desocialización sino de performance social, tal como se vio en la
investigación que realizamos sobre el consumo de medicamentos
psicotrópicos.
Siguiendo el trazado contrapuesto, si el imaginario de la
socialización y la
performance de los incluidos, hace de los
medicamentos psicotrópicos un insumo para permanecer en la condición de
“integrado social”, al mismo tiempo comienzan a aparecer drogas ligadas a
imaginarios de marginalidad. Por otro lado, veremos que el uso de psicotrópicos
no está ausente en los sectores más vulnerables, lo cual nos lleva a hablar de
diversos usos de la misma droga; el cómo (antes que el “qué”) se consume es lo
que en muchos casos estaría marcando distinciones sociales profundas.
Más
allá de estos cruces en las formas de consumo, dentro del imaginario de las
drogas en los últimos años, en los países del cono sur en general y
en
Argentina en particular, el caso de la Pasta Base de Cocaína (PBC) resulta
un claro ejemplo de su parte marginal. Su anclaje como “la droga de los pobres”
ha hecho de su consumo el paradigma de todos los males que la sociedad dual, la
de los ganadores y los perdedores, coloca del lado perdedor.
Trasladada esta
polarización imaginaria al contexto social, veremos que la creciente
preocupación por los impactos sociales del problema de la droga en su aspecto
más marginal resulta un síntoma de los procesos de fractura social que se
escenifican en las metrópolis contemporáneas. Manuel Castells (1995) describe a
la ciudad dual como aquella que surge en paralelo con el impacto que las nuevas
tecnologías tienen sobre la fuerza de trabajo, reestructurándolo y transformando
la estructura social, lo que termina conformando una sociedad dual. Como
veremos, la perspectiva urbana y territorial es altamente pertinente para
abordar la problemática del consumo de PBC como droga instaurada en el
imaginario social de la marginalidad.
Esto no puede explicarse sin tener en
cuenta el impacto social de las políticas económicas de las últimas dos décadas
que profundizaron un proceso de desigualdad social iniciado en los años setenta
en la Argentina. Este proceso en su dimensión social, económica e institucional
se caracterizó por la caída abrupta del salario real, la privatización de los
servicios públicos, la desregulación de los marcos jurídico-institucionales y
una situación a nivel laboral debatida entre la precarización y el desempleo que
llevó a una pauperización creciente de los sectores populares y a un proceso de
movilidad descendente de los sectores medios (Karol, 1995).
En cuanto a su
impacto en los modelos y pautas culturales, esta caída social quebró el
imaginario de movilidad social y de sociedad de “clases medias”, sostenida por
una cosmovisión de “proyecto a futuro”, que definía como rasgo de identidad a
los argentinos y particularmente a quienes por nacimiento o migración interna se
reconocían como porteños o bonaerenses.
La sociedad que polariza entre drogas
de perfomance y drogas de marginalidad, es la misma que se polariza a
nivel de participación del ingreso. En el 2001, año en que muchos de nuestros
entrevistados sitúan los comienzos del
“Problema Paco” es el momento en que,
tras la caída del modelo de convertibilidad implantado una década atrás, la
crisis económica toma formas de estallido social e impacta institucionalmente.
Según datos del INDEC, en mayo de
2002, año en que más se padeció la crisis
económica, la brecha entre el ingreso promedio del 10% de hogares más ricos con
respecto al 10% de los más pobres era de 26 veces; es decir, en promedio, uno de
los hogares del decil más rico obtenía 26 veces más ingreso que uno del más
pobre.
Este proceso, que marca a fuego a vastos sectores que caen en la
categoría de excluidos sociales, no deja de impactar en la clase media. Durante
la última década del siglo pasado y los primeros años del actual, se asiste a
una fractura inédita al interior de la pequeña burguesía entre quienes según sus
categorías ocupacionales resultan beneficiados o perjudicados por las
reestructuraciones en el mercado de trabajo. A este respecto, cabe considerar
los datos de la pobreza en el momento de la crisis de 2001. Mientras en el año
2001 los hogares pobres rondaban una franja de entre el 25% y el 30%, en el año
2002 esa cifra superaba el 45%, lo cual representó un salto histórico notable,
si bien la tendencia de impacto de las transformaciones económicas sobre la
clase media puede observarse aún en los momentos de crecimiento económico de la
década del noventa. En ese sentido, datos de 1997 mostraban que en la clase
media incluida en la Población Económicamente Activa, un 41 % de personas
estaban desempleadas, mientras que el 30,1% se encontraba sobreocupado. Lo
interesante del análisis es también considerar que el 47,8 % del total de
desocupados correspondía a la clase media-baja, el 17,5 % a la media-media y
el
8,4% a la media-alta.
De este modo, el AMBA así como otras regiones y
ciudades del país que históricamente se reconocieron como “sociedades de clases
medias” a partir de modelos de integración social, gracias al peso de la
educación pública fundamentalmente pero también al desarrollo de una red de lo
público en general, fueron escenario del aflojamiento de esa red, al tiempo que
se agudizaron los procesos de pauperización quebrando finalmente el imaginario
social de movilidad e inclusión social.
Esta fractura social profundizó
brechas urbanas que hoy hacen imposible considerar el AMBA como un espacio
homogéneo. Si de hecho nunca lo fue, hoy podemos afirmar que las diferencias
dieron lugar a fracturas urbanas que impactan con intensidad en el entramado
social. Mientras algunas zonas crecen en propuestas inmobiliarias, en centros de
esparcimiento, como zonas turísticas o como espacio para las grandes
corporaciones con un desarrollo de servicios de alta tecnología y estéticas
globales, otras zonas se vuelven cada vez más alejadas de esos estilos de vida
aunque estén geográficamente cercanas. El contraste se vuelve notorio aún al
interior de la ciudad de Buenos Aires: según el Censo 2001 realizado por el
INDEC, los barrios ubicados en la zona sur de la capital, lindantes con la
ribera del Riachuelo (Distritos Escolares V, XIX, XXI), muestran índices de
hogares con Necesidades Básicas Insatisfechas que alcanzan a sextuplicar los
porcentajes de la zona norte de la capital (Distritos Escolares X, XV, XVI), lo
cuales se mantienen alrededor del 3%. Este dato, siendo que corresponde al
año
2001, marca una diferencia marcada en la estructura urbana, más allá del
crecimiento de la pobreza que se dio con la crisis del 2001; en este sentido,
puede observarse una profunda fragmentación geográfica de las condiciones de
vida.
Como afirma Donzelot (1999), la cuestión urbana es donde hoy más
nítidamente se expresa la nueva cuestión social. Veremos que este espacio urbano
fragmentado, es un privilegiado escenario para analizar el problema de
la
PBC, como se desprende del testimonio de nuestros entrevistados.
La
comprensión del contexto social y su impacto en la morfología urbana resulta
fundamental para analizar la problemática del consumo de PBC. Enfatizar los
aspectos contextuales del problema permite identificar aquellos factores que
determinan el riesgo de los grupos sociales que por sus características
sociales, producto de su posición dentro de la estructura social, resultan los
más vulnerables.
Como analiza Martín Hopenhayn al enfatizar la
contextualización en el problema de las drogas en América Latina, los enfoques
interdisciplinarios que indagan en los fenómenos culturales, sociales y
demográficos tienen valiosos “elementos y pistas” que permiten acercarse a la
comprensión del problema.
Según el autor, esto implica vincular “el
problema del consumo a dinámicas de desintegración social (entendiendo la
desintegración social en un sentido propio de la sociología clásica, como merma
de los valores básicos de la sociabilidad, incremento de conductas desviadas, y
pérdida de legitimidad del sistema político y judicial)” (Hopenhayn, 1997:
77).
Hopenhayn agrega la importancia de atender a los modos en que los
procesos de desligamiento de los lazos sociales y la pérdida del sentido
colectivo impactan en el individuo, llevándolo a una “crisis de pertenencia,
la muchedumbre solitaria, la falta de proyección del individuo hacia la
comunidad, la tendencia a la sobreestimulación, y otros” (Hopenhayn, 1997:
77).
Complejizar los aspectos contextuales a fin de no soslayar las
representaciones sociales que emergen, las motivaciones, patrones de consumo y
los procesos socioculturales que los enmarcan, implica tener en cuenta el
vínculo que se establece entre los aspectos macro sociales con la
microsociología que aborda un grupo social, en este caso, los usuarios de PBC en
tratamiento en Centros y hospitales del AMBA.
3. Antecedentes sobre
la problemática del PBC.
• Datos estadísticos sobre el
problema.
A fin de tener un panorama estadístico de la cuestión, nos
detendremos primero en los estudios que han trabajado diferentes aspectos de la
problemática del consumo de PBC desde un abordaje cuantitativo.
Según el
Tercer Estudio Nacional en Población de 12 a 65 años, sobre consumo de
sustancias psicoactivas, estudio de hogares 2006, realizado por el Observatorio
Argentino de Drogas, SEDRONAR, consumieron pasta base en el último año el 0,5%
de las personas de 12 a 65 años, es decir, unas 85.000 personas, el 0,6% de los
varones y el 0,3% de las mujeres. El uso fue experimental para el 6,4% de los
casos, ocasional para un cuarto de esta población, mensual para el 22,9% y
semanal para el 37,7%. El 12,7% de los usuarios tuvieron consumo diario de pasta
base. La cifra total de prevalencia anual es duplicada por la prevalencia de
vida, alcanzando el 1% de la población, mostrando también un mayor impacto del
consumo en el caso de los varones (1,2% contra 0,8% de las mujeres).
Con
respecto a la edad, el estudio pone de manifiesto que la tasa de prevalencia
anual es mayor entre los jóvenes, lo cual acentúa la necesidad de focalizar la
problemática allí, siendo que en los dos primeros tramos etarios (12 a 17 y 18 a
24 años) se observan porcentuales mayores a la media general.
En cuanto a la
frecuencia de consumo, cabe mencionar que uno de cada tres consumidores de pasta
base en el último año lo hace semanalmente o con mayor frecuencia. Esto resulta
importante tenerlo en cuenta en la medida en que representa una cifra
significativa al momento de considerar la naturaleza del consumo de pasta base,
fuertemente regular, tendencia que se agudiza en los menores de 18 años, donde
prácticamente se duplica esa frecuencia de consumo, volviendo a hacer un llamado
de atención sobre esa población.
Por otro lado, en cuanto a las
representaciones del riesgo en el consumo de pasta base, el estudio muestra que
existe una leve diferencia en la percepción social de “gran riesgo” en cuanto a
fumar alguna vez y frecuentemente pasta base, lo cual se distingue de otras
drogas ilegales como la marihuana o la cocaína, cuya
regularidad en el
consumo sí representa un elemento de distinción en la percepción del
riesgo.
Por último, el problema de la oferta de pasta base muestra un dato
significativo: entre quienes recibieron alguna vez una oferta de droga (28,4% de
la población), la pasta base alcanzó el 25%, cifra que sobrepasa la media de
ofertas de éxtasis y la ubica como la tercer droga ofertada, detrás de la
Marihuana y la Cocaína.
La Segunda Encuesta Nacional a Estudiantes de
Enseñanza Media 2005 realizada por el Observatorio Argentino de Drogas (OAD),
SEDRONAR, trabajó sobre una muestra de 62.700 casos entre alumnos de entre 13 y
17 años de edad de todo el país. Según este estudio, hay una prevalencia de año
en el consumo de pasta base de 1,4% en el total de la franja etaria comprendida
en la muestra, lo cual representa un aumento del 200% respecto de la medición
realizada en el año
2001. Cuando se desagrega según sexo, se encuentran
porcentajes algo más altos para varones que para mujeres: mientras en los
primeros la tasa alcanza el
1,8% de los casos, las mujeres se ubican en el
1,1%. En cuanto a la edad de inicio en el consumo, la pasta base no muestra
diferencias de sexo, pues para ambos la media se ubicó en 14 años, con un desvío
de 2 años.
Respecto de los pacientes en tratamiento, según cifras
recolectadas por
FONGA, entidad que reúne a 47 instituciones del país
dedicadas a la prevención y asistencia de los adictos, en tres años, la cantidad
de consumidores de paco se quintuplicó, al tiempo que crece el número de menores
que buscan atención por esta droga.
En relación con esto, los resultados de
la Segunda Fase del Registro
Continuo de Pacientes en Tratamiento, realizada
por el OAD, SEDRONAR en el año 2005 sobre una muestra compuesta por 2369
pacientes distribuidos en centros de tratamiento de todo el país, indican como
características generales de la población del estudio que la misma está
compuesta en gran medida por pacientes jóvenes (el 50% tiene menos de 25 años) y
una gran mayoría de varones (82% del total de pacientes registrados). De este
conjunto, un 6% de las demandas de tratamiento se originan por consumo de Pasta
Base, lo cual representa una tercera parte de las que ingresan por consumo de
clorhidrato de cocaína. Abordando ya los principales resultados, encontramos que
en el historial de consumo de los pacientes, las cocaínas (entre las cuales se
cuenta la PBC) difícilmente son droga de inicio, sino que muestran mayores
porcentajes de consumo luego de haber pasado por una o más sustancias
previamente y su consumo crece en la población a medida que aumenta la cantidad
de sustancias que se hayan consumido. El hecho de que las drogas de inicio sean
fuertemente el alcohol, tabaco y marihuana, convoca a analizar el historial de
consumo en los casos a abordar y comprender el problema desde una cierta
perspectiva histórica y procesual.
Por otra parte, el policonsumo representa
un punto a tomar en consideración, por cuanto más del 80% de los pacientes han
consumido dos o más sustancias en su historial de consumo, considerando alcohol
y tabaco, y casi 65% si se excluyen estas dos sustancias.
En cuanto a la
percepción del daño, es notable que el conjunto de las cocaínas (crack,
clorhidrato y pasta base) lidera la lista de sustancias cuyo efecto se considera
más dañino en sentido amplio, particularmente entre quienes han consumido más de
dos sustancias. Estos daños se perciben tanto a nivel físico, psíquico como de
desempeño en la vida cotidiana.
Del total de los pacientes registrados, un
30% acudió voluntariamente, mientras otro tanto acudió “presionado por amigos o
familiares”, lo cual deja abierta la cuestión de indagar sobre la importancia de
las redes sociales en la llegada al tratamiento.
En este sentido, en la
provincia de Buenos Aires, se dispone de información recogida por la
Subsecretaría de Adicciones, que indica que casi el 40% de los llamados
recibidos durante el último año en el Servicio Telefónico de Atención
y
Orientación de la Subsecretaría de Adicciones de la Provincia de Buenos
Aires por consumo de paco, fueron realizados por parte de la madre del
consumidor. Este número resulta significativo al pensar las redes sociales
tejidas en torno del consumo y el rol que en ellas adquiere la mujer. Por otro
lado, también se informa desde aquella Subsecretaría que a partir del
relevamiento de las historias clínicas de pacientes por paco puede observarse
que la gran mayoría de ellos (67%) se encuentra dentro de situaciones de
policonsumo.
Las estadísticas de consultas al servicio de orientación
telefónica de la
SEDRONAR proporcionan datos importantes sobre la
problemática del consumo de pasta base. Por un lado, debe mencionarse que
durante el año 2006, las consultas atendidas en las cuales aparecía consumo de
pasta base rondaron el 10%. Por otro, muestran que las estadísticas de consulta
el consumo de pasta base se centra en la población de entre 21 y 30 años, una
tendencia que se muestra en los diversos períodos mensuales relevados.
En
Sudamérica, Chile es uno de los países limítrofes en que la problemática de la
Pasta Base está siendo estudiada. Una investigación publicada en la Revista
Panamericana de Salud Pública: “Consumo de drogas lícitas e ilícitas en Chile:
resultados del estudio de 1998 y comparación con los estudios de 1994 y 1996”
muestra que las tasas de prevalencia de año para pasta base en los tres
relevamientos referidos no enseñan significativas diferencias, rondando
el
0,8% de la población entre 12 y 64 años residente en Chile, sobre la que
se aplicó la muestra. Cabe destacar asimismo, que tampoco los índices de consumo
de marihuana ni de cocaína mostraron cambios sustanciales entre el primer y el
tercer relevamiento, si bien en 1996 tendió a haber una caída del consumo de las
tres sustancias.
• Antecedentes para la elaboración de un marco
teórico-conceptual de la problemática.
Desde un enfoque cualitativo del
fenómeno, las investigaciones sobre el tema se pueden identificar a partir de
dos grandes líneas de abordaje.
La primera refiere a un análisis de la
problemática del tema drogas desde una perspectiva diacrónica centrada en
procesos culturales que se acercan a la idea de climas o sensibilidades propias
de una época, pudiendo detenerse o no en una sustancia en particular. Estos
análisis profundizan en la conexión entre lo individual y lo social, lo cual
supone una complejidad analítica al articular los procesos sociales a los
aspectos personales, y aún psicológicos, del consumo de drogas.
Retomando el
análisis de Hopenhayn con respecto a la necesidad de un abordaje contextual que
tenga en cuenta las diversas dimensiones de la cuestión, el autor reconoce en
las sociedades contemporáneas un fenómeno de “‘exogenización’ de las fuentes
de equilibrio interno”, el cual se explica por la, “tendencia a endosar cada vez más12 sus fuentes
de autorregulación a elementos exógenos” (Hopenhayn: 78, 1997).
Si bien
Hopenhayn no deja de lado los aspectos socioestructurales, acentúa la necesidad
de profundizar en los procesos socioculturales y políticos para la comprensión
del problema en su complejidad. Así, afirma que la exogogenización de las
fuentes de bienestar personal responden a un clima de época signado por los
desencantamientos sociales, las desmotivaciones políticas y las frustraciones
personales, vaciando al individuo de proyección y sentido personal y
social.
Desde esta línea de pensamiento que indaga en las articulaciones de
los procesos sociales e individuales-personales, el análisis de Alain Eherenberg
(1998 y 2004) focaliza la comprensión del tema en el proceso de autocontrol del
individuo moderno. Siguiendo una línea teórica emprendida a comienzos del siglo
pasado por autores de “la modernidad” como Norbert Elías, que encuentran en el
proceso civilizatorio las marcas del pasaje de un control externo a un control
internalizado, Eherenberg interpreta la creciente toxicomanía de las drogas
dentro de este proceso que cvoloca al individuo entre un auto control y una
vulnerabilidad inédita.
Una segunda línea de abordaje del fenómeno, refiere a
aquellas características sociológicas del consumo que implican aspectos
identitarios relacionados con la posición en la estructura social de quien
consume y las ligaduras que se establecen entre consumo y ámbitos de inclusión y
de marginalidad.
Existe un imaginario social que vincula de modo directo al
consumo de PBC con condiciones de exclusión social y marginalidad. Veremos que
el modo en que se presenta el “Tema Paco” en lo medios, contribuye a la
construcción social de este imaginario al tiempo que las entrevistas de nuestros
informantes clave suelen dar crédito a esta conexión aunque con diferentes
perspectivas y matices. Por otro lado, son numerosos los estudios que enfocan el
problema desde esta perspectiva tanto en la Argentina como en otros países de
Sudamérica. Lo que surge en ellos no es sólo respecto al perfil social
paradigmático del consumidor, sino que se establece un vínculo entre las
condiciones sociales de marginación y pobreza estructural y el fenómeno,
apareciendo éstas como factores que lo favorecen y promueven.
Entre quienes
abordan el problema desde esta perspectiva, podemos identificar dos líneas de
interpretación.
La primera refiere a considerar el consumo de PBC como “la
punta de iceberg” de un problema mayor y estructural en la sociedad. El problema
es la “cara visible” de un proceso social que lo contiene, lo explica y lo
realimenta.
Desde este punto de vista, son las críticas condiciones
socioeconómicas producidas por los procesos de exclusión social las que abren
paso a nuevas formas en el tráfico y el consumo de drogas en la Argentina,
poniendo al paco o a la PBC como protagonista casi absoluto.
La investigación
del ARI, partido político fundado por Elisa Carrió, titulado
“Paco. La punta
del iceberg” (2006), contextualiza el problema en el conurbano bonaerense,
siendo las villas de emergencia los lugares donde el tráfico y el consumo se
resuelven a partir de la conformación progresiva de una red de complicidad,
naturalización y tolerancia social.
El trabajo realizado por la Subsecretaría
de Atención a las Adicciones
(SADA) del Gobierno de la Provincia de Buenos
Aires, “Estudio de consumo de
Pasta Base en una Villa de emergencia del
conurbano Bonaerense”, de agosto de
2006, abordó la problemática del consumo
de Pastas Base en una zona con características socioeconómicas de marcada
pobreza y referenciada por informantes clave como un lugar de consumo de esa
sustancia. El estudio observa lo que denomina un “doble excluido en el
consumidor de paco”: en la medida en que forma parte de un grupo social que se
encuentra aislado en condiciones de pobreza estructural y, al mismo tiempo, el
mismo consumo de paco tiende a aislar al sujeto en la dinámica de uso de la
sustancia. Finalmente, una cuestión que puede observarse en las conclusiones a
las que arriba el trabajo mencionado estriba en los diferentes aspectos en que
el consumo de paco afecta los lazos sociales, tanto familiares como de diversa
índole.
El enfoque de la marginalidad también tiene su lugar en los estudios
que se han hecho sobre el problema en otros países de la región. En Chile,
Mauricio Sepúlveda analiza el escenario discursivo del consumo de PBC. Su
trabajo de campo consistió en entrevistas a jóvenes consumidores de PBC de entre
12 y 30 años, de bajos ingresos, provenientes de barrios marginales de la
periferia sur del
Gran Santiago. Sepúlveda enfoca su análisis en la
“preasignada identidad” marginal del “pastero”, el cual es “obligado a
interpretarse a sí mismo a partir del discurso oficial sobre la droga”
(Sepúlveda, 1997: 105).
Como parte del entramado de la marginalidad surge en
muchos estudios el análisis de la relación del consumo de droga con la violencia
urbana. Esta conexión entre droga y violencia daría lugar a un tipo de afinidad
electiva, que como tal se presenta no directa y unívocamente relacionada pero sí
fuertemente asociada, compartiendo los universos simbólicos que componen la idea
de la marginalidad.
El trabajo de investigación de Gabriel Kessler explora
sociológicamente el problema del delito juvenil. Situándose en el campo de la
violencia urbana, el estudio intenta ampliar la perspectiva hacia la reflexión
sobre la cuestión social.
Desde allí, dice, el delito juvenil se construye
como “la punta del iceberg, la manifestación visible de un proceso de más
vasto alcance” (Kessler: 10, 2006),donde la droga se constituye como otra
de las expresiones del proceso. El estudiomuestra que si bien la droga y el
delito pueden ir juntos y en el imaginario socialencuentran un espacio común,
muestran diferencias significativas en el entre nos,en cuanto a los
percances que producen en la sociabilidad con el grupo de pares.
La conexión
entre droga y delito también la encontramos en otro trabajo de
Martín
Hopenhayn donde describe a la droga y a la violencia como los dos fantasmas que
“recorren la metrópoli latinoamericana” contemporánea. Estos fantasmas encarnan
el nuevo miedo social que se corporiza en los jóvenes populares, en gran parte
respondiendo a la estigmatización que de ellos hacen los medios de comunicación
(Hopenhayn: 2, 2002).
Las drogas, afirma el autor, figuran dentro de los
problemas que mayor preocupación concitan en la población. Para esto, se vale de
encuestas elaboradas por la CEPAL del año 1995 que también revelan la percepción
de la gente respecto del aumento del consumo por esos años. El autor se pregunta
si estas percepciones responden a un proceso efectivo e intenta analizar
los
“desplazamientos imaginarios” que permiten hablar de una “sobrecarga
simbólica” del tema al concentrar temores que pueden provenir de otros
ámbitos
(Hopenhayn: 5, 2002).
Esta perspectiva resulta un abordaje
complementario al de la punta del iceberg. Para Hopenhayn, si bien el discurso
de la “punta del iceberg” metaforiza las fracturas sociales, “las fracturas que
la modernidad/modernización provoca”, debe tenerse en cuenta otra metáfora que
emerge en el discurso de la droga: la droga como “Caballo de Troya”, que
representa un “sabotaje cultural a la modernidad: la sombra que la acecha,
la pulsión que se interpone a su camino” (Hopenhayn: 7, 2002).
Con este
planteo, se está abriendo paso a otra forma de mirar a cuestión.
La droga ya
no es sólo la “punta del iceberg”, o la manifestación de los problemas sociales,
sino que encarna, mediante un proceso de sobrerrepresentación, las acechanzas
contraculturales. Así, si la metáfora de la “punta del iceberg” de algún modo
encuentra justificaciones para el consumo en las críticas condiciones
de vida que traen los procesos socioeconómicos, la metáfora del “Caballo de
Troya” que propone Hopenhayn, busca comprender en su profundidad cultural los
procesos de estigmatización social de los consumidores.
En esta línea de
análisis se encuentra el trabajo de Juan Sandoval Moya
(1997) “Producción
discursiva y problemas sociales. El ejemplo de la construcción social del
problema del consumo de pasta base”. En él se realiza un abordaje del proceso de
construcción comunicacional de la problemática del consumo de la pasta base.
Según él, el consumidor de pasta base es construido como el joven marginal, que
no accede al desarrollo o las ventajas de la modernización, concentrando así un
“paradigma de la peligrosidad” asociada al consumo de drogas.
En relación con
la conexión entre el consumo de Pasta Base y condiciones de marginalidad se
pueden ver numerosos estudios que dan cuenta de ello, buscan sus articulaciones
e intentan explicarlas desde diversas perspectivas. Por otro lado, mientras en
el imaginario social y el discurso mediático se establece este vínculo en forma
directamente proporcional, estudios recientes refieren acerca de la presencia
del consumo de PBC en sectores medios. El Informe Pasta Base de Cocaína de la Asociación Civil Intercambios (Rangugni, Rossi y Corda, 2006)
describe al modo de consumo del usuario de clase media como oculto, privado y de
mayor cuidado, lo cual lleva a que su estatus de consumidor de Pasta Base sea
invisible para el conjunto social, a diferencia de los consumidores de los
sectores excluidos, que resultan la cara visible del fenómeno por las formas de
consumo “a la vista” en el espacio público y las “marcas en el cuerpo” que deja
el consumo indiscriminado. Un estudio anterior de esta ONG trabajó con una
población urbana pobre usuaria de PBC a fin de explorar nuevas tendencias en el
uso de drogas relacionadas con condiciones de vulnerabilidad social
(Touzé,
2006).
El estudio realizado en Montevideo y su Área metropolitana,
que se publica en el mismo documento que el informe argentino de Intercambios
reseñado arriba, identifica la extensión del consumo de PBC a sectores medios
como una
“percepción general” que no han podido probar los estudios sobre el
tema en
Uruguay. Los investigadores analizan que esto no significa que los
sectores medios estén absolutamente ausentes de la problemática sino más bien
que éstos deben acercarse a los espacios de marginalidad para acceder a la
PBC.
I. Metodología
1. Objetivos, enfoque metodológico y
técnicas.
El Objetivo general del estudio consistió en la exploración de los
aspectos emergentes en el consumo de PBC en pacientes en tratamiento en el
Área
Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) desde una perspectiva
sociocultural.
Para desarrollar este objetivo, los objetivos específicos que
se trabajaron fueron los siguientes:
Indagar las percepciones sobre el
tema del consumo de PBC en pacientes usuarios de PBC y profesionales y
familiares implicados en la problemática.
Analizar el conocimiento que
pacientes y profesionales tienen acerca de la sustancia e identificar las
nominaciones que aparecen y sus modos de uso.
Indagar perfiles e
identidades sociales en los pacientes usuarios de PBC.
Explorar las
características del consumo de PBC y los patrones de uso.
Analizar los
espacios de sociabilidad e integración social existentes en períodos de consumo
y en el tratamiento.
Indagar los estereotipos sociales que convoca el
consumo de PBC.
Identificar aspectos referidos al tratamiento.
El
trabajo se enmarcó en una metodología cualitativa enfocándose la problemática
desde la perspectiva de los actores, es decir, los pacientes que han consumido
pasta base.
Siguiendo los principios básicos de la Teoría Fundamentada (Glaser y
Strauss, 1967), se trabajó desde el método de comparación
constante y el muestreo teórico. Esto explica que el proyecto
inicial se basó en una perspectiva sociológica general sin mayor desarrollo
teórico preconcebido a fin de que el resto del proceso de recolección fuera
controlado por la teoría emergente.
De este modo, tanto el problema como las
categorías centrales emergieron de los datos. Los ejes temáticos o dimensiones
que en este proyecto se presentan, surgieron de una primera categorización de
los datos y se fueron ampliando y ajustando a medida que avanzaba la
investigación.
El muestreo teórico supone también aplicar los
principios de saturación teórica que se determinan según criterios de
limitación empírica de los datos, integración y densidad de la teoría y
sensibilidad teórica del analista. Todo esto implicó la realización simultánea
de las tareas de recolección, codificación y análisis de los datos, más allá de
que se puedan distinguir etapas predominantes en el proceso de investigación.
Estas dos estrategias, la comparación constante y el muestreo
teórico, permitieron que la teoría emergente se ajustara a los datos a fin
de que ésta fuera utilizable tanto para el avance teórico como para la
aplicación práctica.
Las técnicas a emplear para la recolección de datos
consistieron en entrevistas individuales a pacientes en tratamiento e
informantes clave. Éstos últimos son profesionales que trabajan en Centros de
tratamiento y hospitales que atienden a usuarios de PBC: médicos psiquiatras,
toxicólogos y psicólogos en su mayoría. Por otro lado, entrevistamos a
psicólogos que trabajan con menores y jóvenes judicializados, con investigadores
de la problemática y con familiares de consumidores.
Salvo en uno de los
casos y porque condicionantes externos no lo permitieron, todos los
profesionales de los Centros de tratamiento fueron entrevistados en el ámbito
institucional donde desarrollan sus tareas, así como los pacientes en
tratamiento. Se realizaron en total 44 entrevistas. Éstas fueron individuales y
se privilegió que se realizaran en un ambiente de privacidad entre el
investigador y el entrevistado.
En cuanto al relevamiento de datos
secundarios, se llevó a cabo una recolección de material gráfico sobre el tema
publicado en los tres principales diarios de tirada nacional: Clarín, La Nación y Página 12 dentro del período comprendido entre
enero de 2006 y marzo de 2007, a fin de analizar el discurso mediático y actuar
como técnica de triangulación, al tiempo que se recopilaron y analizaron
investigaciones, artículos periodísticos y diversas publicaciones sobre el
tema.
El siguiente cuadro muestra la distribución del total de las
entrevistas realizadas, identificando el tipo de informante.
2. Descripción y definición de los grupos objetivo
El capítulo cuatro se detendrá a describir los diversos tipos de tratamiento que se observaron así como los ejes que surgieron en los pacientes y profesionales dentro de la idea de la recuperación.Por último, se presentan las conclusiones puntualizando los aspectos sobresalientes de cada capítulo.
Bibliografía y anexo: http://www.cofybcf.org.ar/download/bibliografiayanexos-parte-I.pdf
